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Profesor Atticus |
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Posted: 15 Jan 2016 06:05 AM PST
Hace ya tiempo que hablar de elitismo resulta sospechoso. Mal síntoma que suene mal la aspiración a que nos gobierne una minoría selecta. Debe ser que algunos prefieren una minoría corriente. O sea, como ahora.
Los recientes acontecimientos en el Congreso de los Diputados, que no son más que anécdotas, pese a que alguno se haya escandalizado (no es mi caso, desde luego, pues encuentro más ridículo que ofensivo el postureo), estudiados gestos que buscaban (con evidente éxito) eso que los barrocos llamaban mover los afectos y que hoy, rebajado al nivel medio de una sociedad vulgar, podríamos llamar sencillamente "llegar a la gente", han puesto de manifiesto hasta qué punto la política se ha convertido definitivamente en una vertiente más de la industria del entretenimiento. No ha ayudado, es cierto, el desengaño generalizado ante la clase política y el también generalizado desprecio de la sociedad a todo político que pase de los cuarenta, vista traje y corbata o pertenezca a un partido de los denominados tradicionales (o sea, a la "vieja política"). La cosa es que hoy, lo que se echaba de menos, "lo que se lleva", no es la honradez, la frescura en las ideas, el rigor en los planteamientos, la crítica constructiva o la capacidad de persuasión, que son, a mi modesto entender, las cualidades que podrían ayudarnos a recuperar la fe en la política. No, lo moderno (que no es bien antiguo) es manejar los tiempos, acertar con los eslóganes, encontrar la imagen adecuada, dar con la estrategia... y para ello, como a partir de la LOGSE, lo más eficaz es adaptarse a los mínimos, analizar al votante medio y pensar en él. Nada de selectas minorías. La masa es la que importa. |
