En nuestra memoria
la Feria del Libro de Compostela va indefectiblemente ligada a la llegada de la primavera –que no al buen tiempo-, al ver los árboles de la Alameda cubiertos de hojas, los rododendros y azaleas en flor, a los macizos de tulipanes, al sol en el Paseo de la Herradura, y cómo no, a los preparativos de la fiesta de la Ascensión. Además, también llevaba asociados aquellos tiempos que le dedicábamos a lo que comprábamos. Cuando descubrimos la Feria, por aquel entonces nos parecía muy grande, un montón de librerías con cientos de libros que nunca antes habíamos visto; incluso hubo ocasiones en los que se unió con una Muestra de Arte y era una hermosura, gente que iba, que venía, que miraba, que compraba …