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UniDiversidad. El blog de José R. Alonso. |
Posted: 07 Jul 2015 02:22 AM PDT
simios: (R)Evolución. La película original se basaba en la novela La Planète des Singes escrita por Pierre Boulle en 1963 y contaba la historia de la tripulación de una nave espacial que tras partir de la Tierra en 1972, viaja a través de un agujero de gusano a un futuro 700 años después. La nave se estrella en un planeta desconocido que aunque al principio parece desierto, pronto se ve que está regido por una sociedad de simios que son las especies dominantes, tienen una inteligencia comparable a la nuestra, usan armas y ropa, montan a caballo y son capaces de hablar. Los humanos, en cambio, tienen un estatus inferior, El planeta de los simios fue un éxito quizá porque aludía a algunos de nuestros temores ancestrales: ser comidos, estar esclavizados o dominados, ser despojados de lo que sentimos nuestro. La película habla también de nuestra desconfianza e inquietud con el otro, el extranjero, el de otra raza, el que es parecido a nosotros pero no somos nosotros. Para una especie con nuestra característica hubris, esa arrogancia que llega al extremo de autodenominarnos los reyes de la creación y decir que somos imagen y semejanza de Dios, estar dominados por una pandilla de chimpancés, orangutanes y gorilas debe ser una las peores pesadillas imaginables, algo así como vivir en La isla de los famosos. Los humanos y los grandes simios nos parecemos mucho. No hay más que mirarles a los ojos o a las manos y sentimos en lo más hondo que son nuestros parientes cercanos pero también hay una distancia difícil de definir y difícil de situar. El cerebro humano es especial, pero no tan especial. Siempre decimos que el encéfalo del hombre es mayor de lo que le correspondería por su tamaño corporal y asumimos que nuestra globosa cabeza es prueba de nuestra supremacía en la Naturaleza. Pero como dice Suzana Herculano-Houzel, el argumento puede darse la vuelta: si los grandes simios son más grandes que los humanos, ¿por qué no tienen cerebros más grandes que el nuestro? Esta investigadora brasileña de la Universidad Federal de Río de Janeiro ha planteado una sugerente hipótesis: que no es que nuestro cerebro sea grande para el tamaño de nuestro cuerpo, sino que el cuerpo de los grandes simios es inusualmente grande para el tamaño de su cerebro. El resultado fue el siguiente: el cerebro humano tiene 86.000 millones de neuronas, de las cuáles 16.000 millones están en la corteza cerebral. Ninguna especie tiene, ni de lejos, tantas neuronas en la corteza y por eso podemos hacer cosas muy complejas, porque tenemos una enorme cantidad de piezas en nuestro «Lego» neuronal. El segundo resultado importante es que la evolución del cerebro ha seguido distintas estrategias en distintos grupos de mamíferos: en los roedores, los cerebros crecían aumentando el tamaño de las neuronas; en los primates, los cerebros crecen aumentando el número de neuronas. El resultado es que el cerebro de un primate siempre tendrá más neuronas que un cerebro del mismo tamaño de un roedor. ¿Y si no fuera así? Un cerebro de roedor que tuviera 86.000 millones de neuronas pesaría 36 kg. No es posible, sería aplastado por su propio peso y el cuerpo pesaría 79 toneladas lo que sería una pesadilla de película de serie B: ratas del tamaño de dinosaurios. ¿Y por qué la evolución no hizo con los gorilas lo mismo que nos pasó a nosotros? ¿Por qué el linaje de los simios no hizo como el linaje de los homínidos y fue incrementando el tamaño cerebral, sus funciones, su inteligencia y se divirtieron haciendo que hiciéramos el ridículo en los circos, o nos metieron en jaulas en el zoológico o estudiaron nuestro cerebro para saber más del suyo? ¿Por qué la Tierra se convirtió en el planeta de los humanos y no en el planeta de los simios? La explicación puede ser muy sencilla: coste energético. El cerebro humano necesita unas 500 kilocalorías por día, lo que es un 20-25% del consumo energético total de nuestro cuerpo, una barbaridad. Sin embargo, el grupo de la investigadora brasileña ha demostrado que no hay nada de especial, que ese es el gasto calórico esperado atendiendo al número de neuronas que tenemos. Es de nuevo una relación puramente lineal: hacen falta 6 calorías diarias para cada millón de neuronas y nosotros tenemos 86.000 millones. El cerebro de gorilas y orangutanes es en torno a una tercera parte del nuestro y un gorila macho puede pesar de 130 a 250 kg. Era imposible conseguir energía para un cuerpo grande y un cerebro grande, especialmente si tu dieta es de gorila. Haciendo cuentas, el grupo de investigación de Río de Janeiro calculó que un primate tipo que comiera durante 8 horas al día puede conseguir energía para un cerebro con 56.000 millones de neuronas pero su cuerpo no puede pesar más de 25 kg. Para conseguir un cuerpo más grande más tiene que renunciar a tener tantas neuronas:
¿Y nosotros? Apenas dedicamos una hora a comer. La «jugada» de los humanos primitivos fue quizá la domesticación del fuego lo que nos permitió cocinar los alimentos lo que a su vez nos permitió eliminar parásitos de la comida, «predigerir» los alimentos fuera de nuestro cuerpo y conseguir muchas más calorías con rapidez. La comida cocinada necesita mucha menos masticación, se deshace ya en gran parte en nuestra boca y los nutrientes se absorben con facilidad y rapidez. De esa manera, un cerebro cada vez más grande, en vez de ser un lastre energético, se convirtió en una oportunidad, una herramienta cada vez más poderosa cuyo demanda brutal de calorías era saciada por alimentos energéticos como la carne cocinada. En El planeta de los simios hay una marcada organización de castas. Los gorilas son la policía, los militares, los cazadores y los trabajadores manuales. Los orangutanes son los gestores, los políticos, los abogados y los sacerdotes. Por último, los chimpancés son los intelectuales y los científicos. Para leer más:
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