jueves, 23 de junio de 2016

MareaVerde





MareaVerde


Posted: 22 Jun 2016 12:23 AM PDT
El próximo 29 de JUNIO a las 19 h
En el Ateneo de Madrid

Presentamos el libro de PILAR LÓPEZ

SILENCIO SE SUEÑA
Hablaremos de adolescencia, de sueños y de literatura
Le escucharemos a ellos y a ellas

Además de contar con la presencia de la autora Pilar López.

En la mesa estarán:

Diego Martín Pucuhuayla, Carmela Méndez, Javier Caro y Maura Andrade
Jóvenes invitados. Xohana BastidaEditorial SM



Sección Ciencias de la Educación del Ateneo de Madrid
Colectivo Infancia
Federación de MRPs de Madrid


Posted: 21 Jun 2016 11:00 PM PDT
José Díaz González nos envía esta reflexión


Que el voluntarismo es un marchamo de la profesión docente es indiscutible. Con absoluta seguridad, los profesores de vocación somos junto con el personal sanitario, los más entregados al voluntariado. Sólo hay que observar con detenimiento una sala de profesores para ver la cantidad de listas que se van renovando, como el retoñar estacional del follaje arbóreo, solicitando voluntarios para asistir al teatro, a una excursión, a una cena con los alumnos, voluntarios para una comisión, para completar un curso o participar en un jurado y, si te entretienes leyendo y no oyes el timbre de salida, no te preocupes, seguirás viendo pasar profesores que se han quedado con sus alumnos fuera de horario, corrigen exámenes a destiempo, tienen entrevistas con los padres al margen de su obligación horaria o participan en jornadas deportivas extraescolares, todo voluntario. Ser profesor, como ser sanitario o bombero, es profesión en la que el trabajo benevolente surge de lo espontáneo de la necesidad, pocas veces he visto otros profesionales que se entreguen a sus clientes de esta manera tan desinteresada y falta de mercantilismo.

El problema es el voluntarismo exigido, aberración lingüística que trasciende de su delimitación semántica y aterriza en el mundo de las extravagancias antitéticas, -léase "tráfico denso pero fluido" o las dichosas "inmensas minorías"- como uno de los más frecuentes males endémicos del proceso educativo. Sin ir muy lejos, en mi propio IES, llevamos doce años realizando las pruebas libres de Ciclos Formativos, al comienzo sólo con las pruebas de Secretariado y desde hace unos años, también nos arrimaron las de Administración y Finanzas con el alegato encubierto del ahorro de una Comisión de Evaluación y la centralización de la actividad. Ya sabemos que lo de reducir costes en la educación pública es algo que a esta Consejería se le da fetén. Por tanto, como se ve, la designación del Instituto es potestad de la Consejería, pero nosotros colaboramos voluntariamente como participantes. La voluntariedad se arroga porque si no nos vamos turnando en el trabajo, le cae la gota en la cabeza al mismo individuo hasta trepanarle el cráneo y la única manera de mojarnos todos es repartiendo la carga de trabajo y de irnos alternando debajo de la gotera; a esto, mis queridos lectores, se denomina "colaboración voluntarista exigida". 

Obviamente, se podrían arbitrar procedimientos más democráticos de participación en un trabajo de estas características, obsérvense otros métodos de dar cobertura a situaciones similares, como la conformación de los Tribunales de Oposición en los que a priori se solicitan voluntarios y, con posterioridad, se elige una letra y se designa a los vocales a partir de la misma, siguiendo la consabida clasificación alfabética de apellidos, o la propia PAU en la que se solicitan participantes para labores de vigilancia y corrección de ejercicios, entre otras 

Estas fórmulas no serían de aplicación en esta prueba. En primer lugar, porque nadie en su sano juicio se presentaría voluntario a un trabajo falto de estipendio. La retribución de los miembros de las Comisiones de evaluación de Pruebas Libres de Ciclos es prácticamente inexistente, lo que percibe un profesor que examine de tres módulos son 36,76 € por sesión y cobrará ocho sesiones -para los perezosos, 294,24 € brutos a los que se practicarán las oportunas retenciones-. Teniendo en cuenta que hay que elaborar una prueba con conocimientos y destrezas altamente cualificados, no olvidemos que los módulos de grado superior gozan de convalidación universitaria de hasta 60 créditos; las labores oportunas de reprografía; realizar el examen de dos, tres o cuatro horas fuera de jornada; corregir y calificar una nube de ejercicioscontestar a las reclamaciones y asistir a varias sesiones de evaluación; en total, no menos de 40 horas de trabajo para dedicar a los más de 60 aspirantes matriculados en cada uno de los módulos que nos han tocado en suerte este año, eso nos da una media de 2,5 €/hora, cuatro veces menos de lo que cobra el empleado del hogar que me limpia la casa. Eso sin contar al resto de colaboradores que no perciben nada, compañeros que participan en la confección, en el control y vigilancia de los exámenes, personal administrativo que dobla su trabajo, a los que no se les reconoce el absoluto la tarea, ni el oportuno agradecimiento 

En segundo lugar, la otra compensación recibida es ficticia, ya que se basa en que los profesores de ciclos liberamos horas en el tercer trimestre cuando los alumnos realizan su Formación en Centros de Trabajo (FCT). Al rotarnos anualmente en las Comisiones de evaluación unos profesores liberan y otros no. Además, los que liberan, tienen completa su jornada de trabajo, ya se encargó la Consejería de llenarles el horario con el seguimiento de los Proyectos, la reducción de la FCT de 6 a 2 horas semanales para compensar el tiempo de ocio, las actividades de recuperación o los seis puntos tasados que publican cada año las Viceconsejerías, puntos en los que no figura, por supuesto, participar en las Comisiones de evaluación de las pruebas libres. 

Las comparaciones son odiosas, sobre todo, para el que sale perdiendo. Lo que percibe un profesor voluntario en una prueba de selectividad son 194,00 € por día de asistencia, con un total de tres días y 2,29 € por examen corregido, con un máximo de 200 exámenes, eso sin pensar el examen, que ya viene dado y se retribuye de forma independiente (según Orden 3208/2009, de 2 de julio de la propia Consejeríapara los perezosos, más de mil euros). Además, aquello que nos dijeron de los recortes tampoco es cierto, la evaluación externa se está convirtiendo en el nuevo negocio después de la privatización del sector sanitario, las pruebas de los alumnos de 3º de la ESO se encargaron en el presente curso a la empresa Serviforum, generando unos pagos de 331.237,5  por parte de la Consejería de Educación, tan austera con los suyos (formalización del contrato en BOCM, 25 de abril de 2016). Todo lo anterior conduce a un planteamiento simplista: por qué unos trabajos se reconocen y valoran en términos de justicia económica y otros no,  yo contestaré: porque unos son considerados trabajo y otros "colaboración benevolente y voluntarista exigida" 

Entiendo que la dignidad de un trabajo comienza con la voluntariedad de su prestación y, continúa con el reconocimiento expreso, éste último debe ser considerado determinando el esfuerzo real, el tiempo dedicado, la dificultad de la tarea, la responsabilidad demandada y los conocimientos exigidos para su desempeño y, como contraprestación, compensando la labor con una valoración económica justa. Un trabajo digno es el reconocido socialmente y debe comenzar su aprecio por aquel que lo encarga y lo retribuye, no con medallitas ni discursos preelectorales, sino con una valoración ecuánime, entre lo que se entrega y lo que se recibe. 

José Díaz González 
Profesor de Secundaria, especialidad de Administración de Empresas 

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