jueves, 1 de octubre de 2015

El Placer de la Lectura





El Placer de la Lectura


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Lujuria (ed. Destino, 2015) es el primer volumen de la serie Los pecados capitales de la historia de España, en el que Juan Eslava Galán realiza un peculiar recorrido por la más reciente historia de España a través de los pecados capitales, empezando por la lujuria.
 

El autor no necesita presentación, pero por si todavía queda algún despistado os dejo con una breve reseña biográfica. Juan Eslava Galán es doctor en Letras. Entre sus ensayos destacan Historia de España contada para escépticos (2010),Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (2005), Los años del miedo (2008), El catolicismo explicado a las ovejas (2009), De la alpargata al seiscientos (2010), Homo erectus (2011) y La década que nos dejó sin aliento (2011). Es autor de las novelas En busca del unicornio (Premio Planeta 1987), El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla 1991),Señorita (Premio de Novela Fernando Lara 1998), La mula (2003), Rey lobo (2009) y Últimas pasiones del caballero Almafiera (2011).
Con el humor, el sarcasmo y la mirada sincera y certera habitual del autor, en este libro realizamos un curioso recorrido histórico en el que descubriremos las anécdotas y los datos más curiosos que el sexo y el deseo han aportado a la Historia de España. Ya desde la introducción encontramos la naturalidad e ironía innata en un autor que nos seduce con su particular forma de narrar la historia. En estas páginas sólo hay un pero, Eslava Galán reduce el cristianismo a la institución religiosa católica, obviando que la Biblia dedica un libro entero, el Cantar de los Cantares, al placer sexual dentro del matrimonio, no sólo con un propósito procreador, y sin ahorrarse detalles eróticos, aunque envueltos en un tono poético y metafórico.
Pero volvamos al libro, que no va a defraudar a los seguidores del autor. Algunos de los episodios narrados en este libro son, en palabras del propio Eslava, «las sesiones de cine porno con que Alfonso XIII amenizaba a sus compañeros de montería los días de lluvia; los bailes taxi de la Segunda República, que permitían a los reprimidos abrazar a una mujer hermosa al precio de un cupón; la dieta de carne impuesta por los obispos durante el Nacionalcatolicismo; las dificultades de la mayor escritora de novelas eróticas cuando tuvo que enfrentarse a su propia noche de bodas; las parejas refugiadas en la fila de los mancos de los cines; el recauchutado de los primeros condones; las furibundas excomuniones del cardenal Segura; las extravagancias de los censores, que agregaban encajes para ocultar la teta; la revolución de las costumbres que trajo la democracia y el impactante desnudo de Marisol, la niña modelo del Franquismo, que conmocionó España hasta sus más recónditos cimientos hasta propulsarla a su puesto actual de la nación más liberada de Europa.»
Este libro es también un repaso a las costumbres sexuales de las últimas décadas: desde el recauchutado de los preservativos hasta las parejas refugiadas en la "fila de los mancos" de los cines, pasando por los censores que se dedicaban a cubrir con sus castos rotuladores el escote de mitos eróticos como Sara Montiel. Todo ello ilustrado con documentos gráficos.
Y al final, el anuncio del siguiente libro de esta serie, Avaricia, también a cargo de Eslava Galán, donde reunirá los episodios de codicia más bochornosos de nuestra historia. Le va a faltar espacio, seguro…
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"Un thriller tiene que ser una experiencia electrizante que te entretenga como si montases en una montaña rusa"

Por Felipe Velasco

"Fulgor" es la novela más reciente de Manel Loureiro. Se trata de una novela intriga en la que el escritor gallego crea una trama genial cuya intriga, ritmo frenético, desenfreno y acción hacen de este libro una apasionante lectura.
En esta entrevista con el autor, hemos comentado temas relacionados con la novela: su ritmo frenético, las líneas rojas de la moral, la evolución del autor de los zombis al thriller o la influencia que tiene sobre él la magia de las tierras gallegas.
¿Qué te llevó a escribir Fulgor?
Todas las historias empiezan con un chispazo. El chispazo de Fulgor fue un chispazo muy especial. Surgió una noche de invierno hace unos años. Yo iba conduciendo en medio de una tormenta por una pequeña carretera comarcal gallega, oscura y rodeada de árboles, e iba escuchando la radio. Iba escuchando la canción que aparece al principio de la novela: "Folsom Prison Blues" de Johnny Cash y de repente escuché este verso, que me llama mucho la atención: "le disparé a un hombre en Reno simplemente para verle morir". Me pareció una frase tan impactante, tan vacía, tan de violencia gratuita, que empecé a darle vueltas en mi cabeza. Mientras estaba pensando en eso, veo por la ventanilla lateral que algo se movía entre las sombras avanzando paralelo a mi coche durante unos cien metros. Pudo ser cualquier cosa: un animal, el viento moviendo las ramas… pero sé que la mezcla de esas dos imágenes tan potentes, esa sombra que se movía y la estrofa de esa canción, surgió en mi cabeza y de repente me dije "ésta es una historia que tengo que contar". Paré el coche en la cuneta, saqué una libreta y apunté de manera apresurada lo que me había pasado. Al día siguiente cuando compruebo qué es lo que había escrito descubrí que tenía el germen de una historia. Ese fue el principio de fulgor y a partir de ahí fue creciendo. Esa pequeña anotación se acabó transformando en las quinientas páginas que forman este libro.

¿Cómo describirías este libro?
Es un libro que habla sobre las líneas rojas y los límites del ser humano. Nosotros tenemos líneas rojas, cosas que no nos atrevemos a hacer o cosas que no podemos hacer porque nos lo permite nuestra educación, la moral, la ley… Pero claro, hay líneas rojas que son más marcadas y líneas rojas que son más útiles. Como, por ejemplo, imagínate que yo me voy de aquí, del Corte Inglés, y me llevo un bolígrafo sin querer y me doy cuenta cuando esté en mi casa. Técnicamente lo he robado pero no voy a venir aquí a devolverlo. Es una línea roja muy sutil que todos cruzamos varias veces al día. Pero hay líneas rojas más profundas o más marcadas que no cruzamos: a mí no se me ocurriría atracar un banco o pegar una bofetada a la primera persona que me cruzara o hacerle daño a un niño. Eso lo compartimos casi todos los seres humanos. Pero la pregunta es, si yo te dijese a ti que tienes que matar a una persona y que si no lo haces van a morir tus seres queridos, tus padres, tus hijos, tu pareja, las personas a las que más quieres en el mundo, tus mejores amigos... Su vida depende de que tú lo hagas. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar? ¿Qué es lo que estarías dispuesto a hacer? Y entonces te das cuenta de que todas esas líneas rojas se diluyen y desaparecen. Y tú me podrías decir "claro, son líneas rojas pero tú me estás poniendo entre la espada y la pared eligiendo entre una persona a la que yo quiero y un desconocido". Pero estas líneas rojas funcionan también en el sentido contrario. Hay un libro que se llama Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt que habla precisamente de la banalización del mal, habla de los comandantes de los campos de concentración alemanes que son tíos con uniformes de las SS que veían desfilar a miles de personas delante de ellos hacia la cámara de gas. Esas mismas personas, ocho años antes de que empezase la guerra, eran los vecinos perfectos: médicos, abogados, arquitectos, con familia, con hijos, con perro, miembros del coro de su iglesia, socios de la biblioteca, filántropos… ¿Qué era lo que había pasado para que en ocho años una persona se hubiese transformado en el oficial que estaba transportando a los prisioneros a la cámara de gas? ¿Por qué aquellas personas habían sido capaces de borrar todas líneas rojas con total impunidad y lo habían racionalizado? Las líneas rojas en un sentido y en el otro porque esto tiene un sentido positivo y un sentido negativo. Y esto me parecía tan potente… Tiene mucho que ver con lo que te decía al principio de matar a un hombre en Reno simplemente para verle morir, eso traduce que alguien borró todas las líneas rojas y porque le apetecía. Y yo notaba que ahí tenía el germen de una historia, de cuáles son nuestros límites y qué es lo que estamos dispuestos a hacer.

¿Cómo has hecho para darle un ritmo tan vertiginoso a la novela?
Esto es una manera de escribir que consiste en un pacto con el lector. Cuando alguien invierte su tiempo en leer este libro e invierte su dinero en comprarlo tiene que obtener algo a cambio. Y lo que yo ofrezco a cambio es una invitación, le tiendo mi mano, le digo coge mi mano, súbete conmigo, te prometo que vamos a hacer un viaje en una montaña rusa. Vamos a empezar ese viaje en la primera página y yo te garantizo que no vas a poder parar de pasar páginas hasta llegar a la última. Si yo no cumplo con mi parte, no estaría siendo justo. Así yo sé que lo que les ofrezco a los lectores es una experiencia trepidante, emocionante. Para mí, un thriller tiene que ser una experiencia electrizante que te entretenga. Eso es Fulgor. Entonces… ¿cómo lo he conseguido? Con mucho mimo, con una serie de trucos de escritor y, sobre todo, tratando de escribir una historia que no te deje respirar.

¿Hasta dónde llega en Fulgor ese terror psicológico que ya habíamos visto en otras novelas tuyas?
Todo depende de cuál sea el umbral de ansiedad de cada uno. Sé de gente que la ha leído y le parece un thriller de aventuras y sé de gente que la he leído y que ha tenido que parar cada 10 páginas porque le estaban dando taquicardias. Todo depende de lo sensible que sea cada uno. Lo bueno de lo psicológico es que está dentro de cada uno. Para algunos puede ser un thriller puro y duro y para otros puede ser una historia terrorífica. Pero eso depende de las sombras y de los recovecos de cada persona.

¿Cómo ha sido para ti llevar a los personajes al límite, sobre todo a Casandra?
Casandra es una mujer ordinaria (en el sentido de que es una mujer normal) en una situación extraordinaria. Casandra se enfrenta permanentemente a situaciones complejas. Se enfrenta a situaciones en las que ninguna persona debería de tener que enfrentarse en su vida y jugar a eso mientras estaba construyendo la novela era un desafío porque, por una parte, resultaba fascinante y divertido ya que tenía que resolver cada parte de una manera efectiva para que el lector no se sintiera engañado. Hacer eso de una forma que tuviese sentido y que le dotarse de un ritmo de conjunto a la novela fue el gran reto. Esta novela ha tardado dos años porque crear la estructura de todas estas vivencias tan agobiante es para ella, llevarla al límite y que todo tuviese una conexión que tuviese un formato era un desafío

¿Hasta dónde llega lo sobrenatural en Fulgor?
Justo hasta la línea donde empieza lo cotidiano. Hay una línea muy difusa que separa lo que entendemos de lo que no entendemos. Las auras, por ejemplo. Que no se puedan detectar no significa que no existan. Está comprobado que hay gente cargada de positividad y gente cargada de negatividad. Todos conocemos la típica persona que entra en una sala y tiene todo el mundo pendiente de su forma de ser, su manera de hablar, de lo que está haciendo y carga todo el grupo con su buen rollo. Y luego está su reverso tenebroso. El tío cenizo que llega y que parece que te está comiendo la energía, que carga todo el mundo de negatividad, que genera una tormenta permanente a su alrededor. Eso existe, eso es real, eso es palpable. Todos lo hemos comprobarlo. La forma de ver esto es lo que difiere en Fulgor. Lo único que plantea en esta novela es que esto se pueda ver. Nada más.

¿Qué supone para Casandra la adquisición del fulgor?
Un problema, una responsabilidad y una carga. Casandra se llama Casandra como su homónima del mito griego. La Casandra del mito griego era una mujer tan bella que el dios Apolo se quedó absolutamente prendado de ella. Y ella desaira a Apolo y por eso él la maldijo con el don de poder ver el futuro, pero con una letra pequeña y era que pese a que podía ver el futuro nunca nadie creería ni una palabra de lo que Casandra estuviese contando. Así que te puedes imaginar la condena que era para Casandra ir contando desgracias y que nadie la tomase en serio. La Casandra de Fulgor no puede ver el futuro pero sin embargo sí que es depositaria de un secreto tan grande que nadie la puede creer. Para ella es una carga enorme.

¿Cómo consigue Casandra, con el fulgor, mantener la cordura a lo largo de todo el libro?
Casandra lo consigue a duras penas. Casandra es psiquiatra, es una mujer que está acostumbrada a lidiar con las aberraciones de la mente humana y con las malas interpretaciones de la realidad que hace una mente enferma. Y ella, durante mucho tiempo a lo largo del libro, casi hasta el mismo final, no es consciente de que si lo que le está pasando es real o es una consecuencia de un accidente que sufrió el principio de la novela, y que a lo mejor resulta que realmente su cabeza está averiada. Y ella vive con la duda permanente a lo largo de toda la novela, ya que su parte racional se aferra a que eso no puede ser real, que es algo que puede curarse. Pero su parte más intuitiva y más emocional le dice "no, Casandra, el mundo está cambiando y tú te tienes que adaptar a este nuevo mundo".

¿Cómo influye el hecho de que sea psiquiatra a la hora de buscar una explicación para el fulgor, si la comparásemos con otra persona que no tuviera ni idea acerca del funcionamiento de la mente humana?
Supongo que la mayoría de la gente se hubiese vuelto loca. Y, de hecho, en la novela se apunta a eso. Se apunta que aquellos que se ven afectados por esta enorme carga suelen acabar terriblemente mal.

Casandra trabaja en un psiquiátrico con fuertes medidas de seguridad. Cuando has construido este psiquiátrico, el Trastero, para la novela, ¿cómo te has documentado y dónde llega la libertad del autor a la hora de crearlo?
El Trastero como tal no existe. Sí que es cierto que existen centros de características similares y que el Trastero es la suma de varios de estos psiquiátricos que yo, durante el proceso de documentación, he ido visitando. De cada uno he cogido las piezas que más me interesan y las he ido adaptando. Evidentemente no puede haber ningún centro sanitario que tenga una sola puerta de entrada y salida porque eso va contra todas las normativas de seguridad. En este caso sí que me tomé la libertad de crear un centro con un solo acceso porque me interesaba generar esa sensación de "por aquí sólo se puede entrar y salir por esa puerta". Pero sí que tuve la oportunidad de hablar con varios médicos psiquiatras que trabajan en estos centros y de preguntarles cómo era su día a día para que yo pudiese contar realmente cómo son estos centros.

¿Cómo ha sido para ti empezar escribiendo relatos de zombis en un blog y acabar publicando novelas con gran éxito en varios países?
Una locura. Además, una locura absolutamente inesperada. Yo empecé a escribir por accidente y vi cómo una especie de hobby que yo tenía para mí se acaba transformando en mi forma de vida. Ahora es lo que hago, es lo que soy. Ser capaz de llegar a esa transformación ha sido algo que a mí me ha costado. Empecé a escribir sobre zombis a finales de 2005 y fíjate todo el tiempo que ha pasado desde ese momento y todo lo que ha cambiado por el camino. Ya no existe el Manel Loureiro abogado, ahora sólo existe el Manel Loureiro escritor y ha hecho un caldo con los huesos del abogado. También, de repente, he pasado de escribir para unos pocos miles de lectores en internet a escribir a cientos de miles de lectores en papel. La experiencia es espectacular y la sensación es muy gratificante porque reconozco que es un auténtico privilegio poder tener un trabajo de estas características, poder contar historias y que la gente vibre con las historias que le cuentas.

¿Qué acogida están teniendo tus libros en el extranjero?
Es fantástico. En Estados Unidos muy bien. El mercado anglosajón en general me ha acogido muy bien, al igual que el mercado asiático. Además, de vez en cuando te encuentras con anécdotas. Hace unos meses me escribió un lector un correo muy amable a través de Amazon. Me decía que ha disfrutado un montón de la novela, que le había gustado mucho. Y el Señor me escribía desde la isla de Norfolk. Tuve que buscar en Internet dónde estaba. Esa isla está en el medio del Océano Pacífico, pertenece a Australia y es uno de los lugares más aislados del mundo. Me di cuenta de que el señor estaba en las antípodas: tanto en las antípodas físicas como en las antípodas culturales. Es un hombre que vive en la otra punta del mundo y que no tiene nada en común conmigo ni con un abogado gallego que corría por una ría de Vigo perseguido por un montón de zombis, que era lo que pasaba en la novela que se había leído. Pero le había gustado y le había emocionado. Y al final te das cuenta de que no importa dónde están ambientadas las historias sino que lo realmente importante es que esas historias sean capaces de tocar las fibras sensibles de todos. Y que al final no hace falta vivir en California, en Nueva York o en Londres para poder contar una historia que llegue a todo el mundo. Desde aquí, desde España, se puede llegar a todo el mundo y conmover y hacer vibrar esas fibras sensibles en prácticamente cualquier país, credo y cultura.

Al principio me has comentado algo acerca de la violencia gratuita. Algunos de los enemigos de Casandra se alimentan de actos malvados de este tipo. ¿Cómo ha sido para ti construir unos personajes tan fríos, tan violentos, tan carentes de remordimientos?
Es un reto. Siempre se dice que las historias son tan buenas como bueno es el antagonista del protagonista. Crear un ser amoral, carente de escrúpulos es un riesgo porque puedes caer en la caricatura del malo que es malo porque sí. El típico malo de dibujos animados que es destructivo porque le apetece. Conseguir que sea un personaje perverso y amoral, pero que al mismo tiempo sus acciones tengan una motivación y que tú de alguna manera puedas entender esa motivación, aunque no compartirla, es el auténtico reto. Y creo que aquí está conseguido

¿Ha habido comparaciones con Stephen King?
Sí. Estas comparaciones por una parte son muy halagadoras. Me están comparando con uno de los mejores escritores vivos de la actualidad, que ha publicado y ha vendido cientos de millones de ejemplares en todo el mundo y que prácticamente todos sus libros han acabado siendo películas o series de televisión, que es un auténtico genio. Me están comparando con un tío que escribía cuando yo era un bebé. Es una comparación que me llega grande por todos los costados. Aun así la agradezco porque significa que los lectores entienden que hago algo que se parece a algo que hace una persona a la que yo admiro muchísimo.

Galicia es una tierra que siempre se ha relacionado con la magia. ¿Cómo ha influido sobre ti a la hora de escribir?
Estoy convencido de que si no hubiera nacido en Galicia no escribiría lo que escribo y no escribiría como escribo. Cuando yo tenía seis o siete años mi abuela me contaba historias de ese acervo cultural celta que compartimos con los irlandeses y que es un acervo cultural que vive mucho de la magia. Eso al final acaba haciendo mella y dicen que tenemos un carácter muy melancólico y en el fondo es lógico. Claro que tenemos un carácter melancólico, porque estamos en un lugar en el que vivimos entre los vivos y los muertos y es genial poder compartir esto con lectores de otros puntos de España y otros puntos del mundo y que ellos lo entiendan y que lo vivan igual. Porque eso significa que es una historia mucho más potente y que trasciende.

Esa atmósfera de Galicia, primero la has utilizado con los zombis pero luego has pasado a otros géneros con ella.
Con esta novela traté de hacer una cosa que es un ejercicio literario. Quería construir una novela en la que cada capítulo tuviera el doble de tensión que el anterior de forma que vayas aumentando la tensión progresivamente, haciéndolo cada vez más electrizante, hasta llegar al punto de giro en el tercer acto que es donde tienes que empezar a resolver cosas. Es decir, tengo que llevarte hasta un punto en el que digas no puedo más y a partir de ahí tienen que empezar a pasar cosas para que tú vayas soltando emoción y ya tengas que decir ahora tengo que llegar hasta el final porque tengo que saber cómo acaba todo.

¿Ya habías pensado el final cuando empezaste a escribir?
Yo cuando empiezo a escribir un libro tengo claro cómo empiezan los personajes, como terminan los personajes y tengo que saber claros cuáles son los principales puntos de giro que van a separar los actos y los puntos de transformación de los personajes, esos momentos en los que los personajes se dan cuenta de que han cambiado por completo. Si tengo claro eso, el resto de los huecos se van llenando y a veces el problema es que a medida que se van llenando puede ser que aquel punto primigenio que tenías en la cabeza ya no vale para nada porque se te ha ocurrido una muchísimo mejor. O al revés, que vas a hacer punto de giro y luego te das cuenta de que no lleva a ninguna parte. Esos son momentos de crisis absoluta en los que te dices que esto se te va de las manos pero al final luchas y acabas construyendo la historia. Para mí es muy importante que una historia mantenga la tensión. ¿Cuántas veces te ha pasado que estás leyendo un libro y de repente dices: es que estas 25 páginas le sobraban? Notas que pega un bajón. Eso es terrorífico porque hoy por hoy un libro de entretenimiento no puede permitirse algo así, porque ahora la competencia es atroz. Este libro ahora compite con la tele, con el cine, con las consolas, con los tablets, con el móvil... Es decir, hay un montón de lobos acechando alrededor. Y resulta que tú estás entregando tu tiempo a algo que te exige entrega absoluta, como es un libro. Entonces si yo no consigo que esa cosa que te exige entrega absoluta te tenga cogido por las muñecas desde el principio hasta el final, es que al final te vas a escapar porque de repente te va a sonar el whatsapp y después dices: tengo la play aquí, voy a echar una partida. Porque es que es normal, porque es que es humano, porque nos gusta la evasión. Entonces, si estoy ofreciendo evasión tengo que ofrecerte la mejor calidad posible. Por eso tengo que mantener una atención permanente y eso es lo más difícil. Eso es lo que me lleva más tiempo cuando estoy planificando una novela, el conseguir mante
ner esa tensión permanente.
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Bernard Minier, una de las grandes figuras del nuevo thriller psicológico llegado de Francia, prosigue con su ciclo dedicado al comandante Martin Servaz (Bajo el hielo, El círculo), un sonado éxito de ventas en su país que se ha traducido a numerosos idiomas.
Minier ha añadido su nombre al de autores tan importantes como Fred Vargas, Pierre Lemaitre o Franck Thilliez, que han protagonizado un resurgimiento del polar y del thriller francés de primerísima calidad.
Una cuidada composición de personajes, ambientes desasosegantes, tramas que aceleran el pulso y un don para hacer trizas cualquier expectativa del lector caracterizan a un autor que con No apagues la luz se ha doctorado en el arte de no dejar que sus seguidores puedan apagar la luz de sus mesillas de noche.
Desde que el psicópata Julian Hirtmann le enviara el corazón de su gran amor, Marianne, dentro de una caja de cartón, el capitán Martin Servaz ha permanecido internado en un centro de reposo para policías luchando por sobreponerse de tan atroz golpe y recuperar las ganas de vivir. En plenas fiestas navideñas, un día le llega por sorpresa en el correo una llave electrónica que da acceso a una habitación de hotel en la que un año atrás una artista se quitó la vida de forma muy aparatosa. Intrigado por los motivos que han llevado a su misterioso remitente a contactar con él y por la desdichada suerte de la mujer, contraviene las órdenes de guardar reposo y se pone a investigar por su cuenta.
Paralelamente, la periodista radiofónica Christine Steinmeyer, que acarrea su propio trauma de infancia, también va a encontrar en el buzón un anónimo que promete desestabilizar su existencia: la carta de una suicida. Convencida de que se trata de una equivocación, y con prisas, al realizar el descubrimiento a punto de dirigirse a celebrar la noche de Navidad, opta por despreocuparse del tema. En breve recibirá una inquietante llamada a la emisora de radio, donde, encontrándose en el
aire, una voz anónima le recriminará que dejara morir a una persona.
Éste supondrá el primer paso de un acoso sin tregua ni sentido aparente que se manifestará de muy diversas maneras —llamadas amenazadoras, allanamiento de morada, extorsión, agresión sexual…— y pondrá patas arriba su vida personal y laboral. En pocos días se encontrará inmersa en una historia de terror para la que no tiene explicación, una pesadilla en toda regla que promete arrebatarle la cordura.
Bernard Minier nació en Béziers en 1960 y pasó su infancia en Montréjeau, al pie de los Pirineos, enclave en el que ha ambientado parcialmente sus libros. Realizó estudios de Medicina y trabajó para el Servicio de Aduanas de su país antes de volcarse en la escritura y convertirse en una de las grandes figuras del nuevo thrillerpsicológico llegado de Francia. Con No apagues la luz, Minier prosigue con la serie dedicada al comandante Servaz (Bajo el hielo, El círculo), un sonado éxito de ventas en su país que se ha traducido a varios idiomas. Entre las distinciones que ha recibido se cuentan el Premio Polar en el Festival de Cognac, el Premio de l'Embouchure y el Premio de las Bibliotecas y las Mediatecas Cognac.
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Elena Moya hilvana en su novela "La candidata" de forma magistral la vida de Victoria Kent, primera diputada española en tiempos de la República, y la de Isabel, candidata en la actualidad en unas elecciones generales.

Después del éxito de Los olivos de Belchite y La maestra republicana, Elena Moya regresa al panorama literario con una historia sobre el papel de la mujer en las esferas de poder, las dificultades, la renuncia, el sacrificio, y juega a desgranar el verdadero significado de la ambición. Una obra visionaria que nos adentra en el mundo del poder y las finanzas y que reconstruye la figura de Victoria Kent, una de las grandes damas de la política española, todavía incomprendida e ignorada. Una novela excepcional cuya lectura se hace necesaria hoy más que nunca.
En la soledad de su despacho, la candidata a la presidencia Isabel San Martín ultima los preparativos dos días antes de las elecciones generales.
Su labor como ministra de Economía y algunas de las iniciativas que ha llevado a cabo durante el desempeño de su cargo le han dado credibilidad y se postula como la favorita en las encuestas. Sobre la mesa, un volumen encuadernado en piel de las memorias de Victoria Kent, una de las mujeres que cambió el mapa político de España y una de sus principales fuentes de inspiración. Como la malagueña, Isabel quiere ganar para ayudar a la ciudadanía, a las mujeres. Sin embargo, deberá hacer frente a múltiples problemas -entre ellos una misteriosa caída de la deuda pública que puede llevar a España a un rescate económico- cuarenta y ocho horas antes del recuento de votos. ¿Realmente el país está preparado para tener una mujer al frente de su gobierno? Isabel comprenderá que son muchos los intereses creados, que sus enemigos no se lo van a poner fácil y además tendrá que lidiar con una crisis personal: su marido, Pablo, la ha dejado después de veinte años y se lo ha dicho por teléfono en el que será un fin de semana crucial para ella y para todo el país. ¿Qué hacer cuando tu vida personal se desmorona? En situaciones de máxima tensión, ¿qué es más importante: el poder, los principios, la familia o el amor?
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Los gemelos Klaas y Kees y su hermano menor Gerson juegan a menudo a «Negro», cuya principal regla es no abrir los ojos.
Un día Gerson, en un accidente de coche,  pierde la visión y se verá obligado a jugar a «Negro» el resto de su vida.
¿Será Gerson capaz de adaptarse a su nueva vida con la ayuda de su perro? La vida también ha cambiado considerablemente para su padre y sus hermanos. Pero lo que nunca va a cambiar es la calidez de la familia. Esta conmovedora historia es contada a través de tres perspectivas diferentes, la de los gemelos, Gerson y el perro.

Del ganador del Premio Llibreter 2012, Premio IMPAC 2010 y del Independent Foreign Fiction Prize 2013

Leer un fragmento (pdf, 488 KB)
Prensa
"Bakker abre un campo para un agujero en una pared, cede una plaza en un coche, para que el lector, pueda vivir por sí mismo la emoción de vivir."
Librería La Buena Vida
La reputación de Bakker se confirma con esta novela. Ningún otro autor escribe sobre el tiempo, el silencio y el paisaje como él.
De Telegraaf
Este libro respira el mismo ambiente que en Todo está tranquilo arriba. El estilo, ligeramente melancólico, te dice que algo siniestro está a punto de suceder.
De Volkskrant
Sutil y brillante.
The Independent
Bakker es y será un escritor puro. Nos vuelve a demostrar su maestría describiendo atmósferas. Da sólo los detalles suficientes para atraparte. Es capaz de evocar la vida rural como nadie.
Trouw
Bakker utiliza las palabras de un niño pero, con una inmensa elegancia, tras la simplicidad, se esconden profundas emociones y se desarrollan grandes tragedias. Llamando por su nombre a las cosas más horribles y a los dramas más intensos los hace irónicamente divertidos.
Bol.com
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Eleanor Roosevelt fue una de las personalidades más notables del siglo XX, y posiblemente la mujer que, desde cargos institucionales, más influencia tuvo en la vida pública antes de la revolución feminista de los años sesenta.
Nacida en una familia aristócrata de Nueva York, vivió una infancia y una adolescencia marcada por la pérdida de sus padres. Se casó con el que luego sería el presidente norteamericano más importante del siglo XX, Franklin D. Roosevelt, y unas veces junto a él, la mayor parte sin él, se erigió en un paradigma de primera dama, omnipresente y con sus propias prioridades: las mujeres, los desfavorecidos, la gente de color. La cumbre de esta trayectoria, ya tras la  muerte de su esposo, fue su papel como principal impulsora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en 1948.
Eleanor Roosevelt desarrolló su propio tejido de relaciones, sin miedo a los convencionalismos, y mantuvo durante muchos años una amistad teñida de sentimientos amorosos con la periodista Lorena Hickok.
Hillary Clinton la considera una modelo, y en varias ocasiones ha relatado lo que llama sus  "conversaciones con Eleanor", charlas que mantiene en mente con ella para analizar todo tipo de problemas.
En esta biografía de referencia, J. William T. Youngs sumerge al lector en los vaivenes dramáticos de una vida llena de altibajos y en la que se reproducen, a gran escala, muchos de los grandes dilemas a los que puede enfrentarse una mujer. Una lectura sin un ápice de sensacionalismo, pero que conmueve desde las primeras páginas.
"Ella, siempre inquieta, interesada por el mundo en el que vivía, sensible a las injusticias, desolada por la gran depresión y por las dos guerras mundiales que le tocó vivir… utilizó su posición no para encerrarse, como podría perfectamente haber hecho, en una torre de marfil de recepciones, alta costura y ramos de flores, sino para intervenir en el mundo, mediante ruedas de prensa, artículos de opinión, docencia, participación en acciones benéficas y acción política y diplomática. [...] Eleanor Roosevelt constituye sin ninguna duda un gran modelo político y humano. Especialmente para las mujeres. Porque supo hacer grandes cosas por sí misma, sin pagar los precios desgraciadamente habituales que son la soledad, la marginación, el enfrentamiento con los hombres…. Un ejemplo, quizá no muy fácil de seguir, pero enormemente estimulante." Laura Freixas
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¿Qué tiene en común un jabalí con hocico infantil y una roca tibia en Islandia? A Robespierre. Bajo esta curiosa ecuación construye Fred Vargas  su nueva obra "Tiempos de hielo". La autora de novela negra francesa más vendida retoma las aventuras del enrevesado Comisario Adamsberg proponiéndole un reto a su altura. Sin ser un thriller, ya que únicamente hay un par de escenas de acción, la francesa sigue fiel a su estilo, es decir una novela reposada en su mayor parte, en la que la intriga subyacente impregna todos los aspectos de la investigación.
Alice Gauthier, una respetable profesora de matemáticas de sesenta y seis años, aparece muerta en su bañera; todo parece apuntar a un suicidio, pero ciertos detalles, como un extraño signo trazado en el lugar del suceso, hacen pensar que quizá haya algo más detrás de su muerte, por lo que el caso es derivado al equipo de la Brigada Criminal del comisario Adamsberg. Al poco, una mujer dice haber enviado una carta que la muerta había escrito a un tal Amadée Masfauré..., cuyo padre se habría suicidado dejando un signo similar. Las sospechas se confirman al comprobar que ambas muertes tenían algo más en común: las dos víctimas formaban parte de una trágica expedición a una remota e inexplorada isla de Islandia, diez años antes…
Un extraño club de admiradores de Robespierre, viejos rencores familiares, pistas falsas, reminiscencias de antiguos mitos nórdicos…, y la imbatible sagacidad de Adamsberg y su brigada son los ingredientes de la magnífica nueva obra de la reina de la novela negra europea.
Fred Vargas incorpora múltiples referencias a sucesos pasados y a menudo desconocidos, para eso el docto Danglard servirá de referente. Esto llevará a Adamsberg a mezclar el racionalismo del siglo veintiuno y su avanzada tecnología flirteando con los mitos islandeses y la época de la Revolución Francesa en una línea del tiempo saltarina hacia adelante y hacia atrás en la que las asociaciones de ideas semejan una maraña de algas imposible de desentrañar.
Mención especial merece la traducción muy equilibrada y difícil hecha por Anne Hélène Suárez. ¡Gran trabajo!
Original, visceral, desnuda e irreductible es una obra del género negro que engancha por no atenerse a nada salvo a lo que la autora quiere transmitirnos y a su especial modo de hacerlo. Nada pesan en ella los más de cinco millones de libros vendidos, las traducciones a más de treinta lenguas, las adaptaciones al cine y a la televisión, el éxito comercial y de crítica, los periódicos de todas partes que compiten por alabar la originalidad de las tramas, la densidad de caracteres, la escritura refinada y sugerente, salpicada por aforismos escalonado, no, nada de eso vale para ella, salvo escribir cómo le apetece… y sólo así nos subyuga una vez más.
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La novela que tenemos entre manos -o sobre un atril, pues son 846 páginas en la versión papel-  es una ficción histórica, pues, que sigue bastante fielmente los hechos en sus puntos más importantes, así como en los personajes principales, aunque las oscuridades de la historia son aprovechadas por el autor para novelar detalles más concretos que imagina o recrea ya a su conveniencia, de modo que el resultado final sea unitario y de una estructura bien engarzada. Todo ello proporciona un entramado literario muy sugestivo para el lector.
Roa sitúa el comienzo de la acción en el punto en que finaliza su anterior novela, «La Loba de Al-Andalus», es decir, en el estado de cosas que queda la península ibérica tras invasión de los almohades y destrucción del reino andalusí, por un parte, y por otra la muerte de Alfonso VII, el emperador, que en un momento de ofuscación dividió el reino entre sus hijos, sembrando un panorama de discordia, desunión y debilitamiento generalizado en el mundo cristiano de finales del siglo XII.
En cierto sentido continuación de «La Loba...», es lectura independiente, sin embargo; es continuación en el sentido de que sigue narrándonos la historia de las luchas medievales entre moros y cristianos, y no solo esto, sino mostrando las disensiones políticas internas dentro de cada uno de los dos bandos principales. Las luchas de poder, las relaciones entre religión y política, y obviamente, también las relaciones personales, que las hay y muchas, ficción entrelazada con realidad histórica. Además, estas relaciones de amor, odio, rivalidad, lealtad, traición, amistad o sumisión ponen la sal y la pimienta de la narración, crean un clima que nos acerca al de la época, aunque contado de un modo que resulte próximo al lector moderno. Así como otros autores prefieren crear el clima usando un lenguaje que tenga cierto arcaísmo, Roa solo recurre a ello en alguna de las imaginarias cartas entre unos y otros personajes. El clima de la época ya se crea por la propia trama narrativa, los diálogos, cartas, descripciones de batallas (en general, muy bien contadas), movimientos de tropas, etc.
Como en la novela precedente, Sebastián Roa pinta un fresco de una época convulsa y que, si nos fijamos bien, presenta muchas similitudes en esencia con la actualidad política mundial:  un mundo dividido en bandos ideológicos, en el que Occidente presenta una clara debilidad, incapaz de poner de acuerdo entre sí a sus miembros e incluso soportando dentro de sus propias filas gentes que se pasan al enemigo: países o grupos anti-occidentales, especialmente los que identifican Estado con Religión (o Partido) que tratan a sus ciudadanos como súbditos y creyentes, y que les exigen sumisión; y no sólo eso: quieren extender esa sumisión a todo el mundo, por medio de la "santa" violencia. Pues bien: en estos términos funciona la novela...y la Historia, madre de muchas ficciones, que debería enseñarnos a evitar los mismos errores que en el pasado, aunque la naturaleza humana sea, desgraciadamente, olvidadiza y proclive a tropezar en la misma piedra una y otra vez. Hay un pasaje donde se explicita esta idea muy claramente: en el encuentro del legado papal Gregorio de Santángelo  con Alfonso de Castilla, éste recibe el siguiente rapapolvo eclesial "Lleváis la discordia en la sangre. Todos: portugueses, aragoneses, castellanos, navarros,…Sois capaces de destrozaros entre hermanos mientras el enemigo común os acecha para alimentarse de vuestra carne maltrecha." Los almohades, por el contrario, son fieles a su Tawhid, que postula la unicidad de Dios y requiere la sumisión de toda actividad humana.
La acción de esta novela está contada por un narrador universal, si bien centra su atención en ciertos puntos de vista, tanto de los cristianos como de los musulmanes. Saltando entre uno y otro reino, entre un lado u otro de la frontera o entre un lado u otro del Estrecho, se encuentran algunos personajes de gran importancia para la trama. Aunque informe de todos los reinos cristianos en general, la narración contempla principalmente las relaciones entre Castilla y León, cuyos reyes son parientes pero exudan odios y tensiones, luchas por el poder y la expansión territorial. Aragón, Navarra, Portugal, están presentes como telón de fondo, puesto que reyes y reinos apenas tienen protagonismo en esta novela. Personajes importantes del lado cristiano, aparte de los propios reyes, son los Castro y los Lara, divididos por odios ancestrales; en especial, sobresale Urraca López de Haro, mujer de rompe y rasga, cuya idealizada imagen vemos en la portada del libro, porque su protagonismo en la novela es muy fuerte. Destaca también la prolífica reina castellana Leonor, y sus continuos e infructuosos intentos de hallar paz y concordia mediante casamientos. También encontramos interesantes personajes-bisagra, como el castellano Ordoño de Aza y el andalusí Ibn Sanadid, cuya leal amistad permanece a través de los años y las circunstancias que les separan. Son personajes fronterizos, que traspasan la línea entre un mundo y otro, sin perder su filiación.
Por la parte musulmana, la novela presenta el punto de vista de Yusuf, segundo califa almohade, y después su hijo Yakub, cuyo protagonismo es aún mayor. Y como alter ego de cada uno, sus visires: Abu Hafs, hermanastro y hombre fuerte de Yusuf, y Abú Yahyá, mentor y leal amigo personal de Yakub. La figura del andalusí Ibn Rushd, consejero de los califas, también es personaje-bisagra, que intenta poner sentido común y racionalidad a la política islámica almohade. Las mujeres musulmanas tienen un protagonismo indirecto: tanto Zayda como Safiyya, (hijas del Rey Lobo y Zobeyda) se mueven entre bastidores, pero generando una poderosa atracción. Remarca muy bien el autor la diferencia entre almohades y andalusíes, entre fanatismo religioso y una concepción más lúdica de la vida.
La narración comienza en 1174, mostrando la adolescencia y educación del heredero Yakub en la corte sevillana del califa Yusuf y por parte cristiana, con una juvenil Urraca López de Haro a punto de matrimoniar con un maduro leonés mientras sus deseos van en otra dirección. Y acaba en 1195 con la terrible batalla de Alarcos, a la que el autor dedica casi las sesenta páginas finales, de una tensión dramática enorme, muy bien construida y presentada. A lo largo de la novela, de gran densidad narrativa, encontrará el lector todos los ingredientes que atraen el interés del público: batallas, lances de honor, amistad, amores imposibles, pasiones ciegas, sexo, violencia, sudor y lágrimas. Todo bien aliñado, estructurado y presentado en el momento adecuado, alternando muy ágilmente el paralelismo entre los reinos cristianos y los musulmanes, sus intrigas y luchas intestinas, y mostrando las ideas que estaban en juego en el gran tablero del medioevo entre Oriente y Occidente.
La edición incluye una serie de apéndices, un mapa, ilustraciones con los principales personajes representados, un glosario de términos, una nota explicativa donde el autor explica con más detalle las «licencias históricas» que se ha permitido, y un amplio apartado bibliográfico. Lo que olvida es un índice, que sería de gran ayuda, dada la longitud del libro y la cantidad de escenarios, personajes y acciones. El conjunto es una obra densa, sólida, ágil y muy atractiva, con la que Sebastián Roa se consolida como un buen narrador.

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