viernes, 27 de marzo de 2015

Tapiz de la primavera: puntillismo con los pies y dripping




Entrada nueva en InnovArte Educación Infantil Español

Tapiz de la primavera: puntillismo con los pies y dripping

by Ángeles Abelleira e Isabel Abelleira
Cómo reflejar en una pintura todos los colores del paisaje primaveral, los cambiantes azules del cielo, los cientos de verdes de los montes, los amarillos de los tojos y de la retama que como gotas salpican el verde; cómo pintar las etéreas flores rosáceas de los desnudos frutales que con un soplo de viento marchan volando como pequeñas cometas … Cómo lograr plasmar en un cuadro todo eso que con la distancia parecen pequeñas manchas de color que se superponen, se mezclan y se resaltan.

Nuestro alumnado intentó hacer una representación del paisaje que vemos a través de los ventanales, pero puede que por los materiales empleados –ceras, lápices de color y rotuladores-, el resultado no los dejó muy satisfechos, ya que quedaba con colores muy planos, muy estático y no lograron plasmar toda la paleta cromática que veían.
Así, al día siguiente, les hicimos una propuesta, intentaríamos repetirlo en un gran mural que luego expondríamos en los pasillos del centro al igual que hicimos con el verano y con el otoño 2014, así como con el invierno 2015. En cada uno de ellos habíamos empleado una técnica distinta, y en esta ocasión quisimos hacer una intervención a medio camino entre lo artístico y lo lúdico, de modo que les dijimos que lo pintaríamos con los pies y lanzando pintura, lo que los dejó absolutamente desconcertados y fascinados.
Cuando llegaron por la mañana le mostramos algunas obras de pintores ligados al movimiento del puntillismo (divisionismo), y en ese momento vieron que eso era lo que a ellos les gustaría plasmar: cientos de colores que acaban dando forma a elementos que se integran como un todo en la naturaleza. Pero, ya de inmediato, me dijeron que eso era muy difícil porque habría que hacerlo con la punta de los dedos puntito a puntito, y  como teníamos en mente el gran mural de 200x180, que acostumbramos a preparar en cada cambio de estación para colgar en el corredor, eso nos llevaría un montón de tiempo. En ese momento apunté que les había dicho que lo pintaríamos con los pies. Ante sus observaciones (mancharse, frío, no quedar forma de puntitos, etc.), añadí que no se descalzarían, lo que aún los dejó más desconcertados. Les mostré un rollo de plástico de burbujas y dije que con eso les haría unas calzas con las que pintarían. Nos organizamos por grupos, hicimos un esquema en el encerado, dividimos zonas en el mural (línea de tierra-línea de cielo), nos "calzamos", cogimos botes de témpera en colores básicos (verde, azul, amarillo, blanco), extendimos un paño (trozo de tela de colcha blanca muy gruesa y con relieve), y comenzamos el chorreado de pintura para que la pisaran.
Comenzamos por el cielo, que realizamos en tres grupos variando las cantidades de azules y de blanco, y luego con dos grupos hicimos el monte con verdes y amarillos. Finalizamos con unos chorros témpera con purpurina para crear ese efecto brillante de la luz sobre las cosas. Estaban asombrados de cómo sus huellas creaban esas combinaciones de colores.
Una vez lo pusimos vertical quedaron impresionados con el efecto logrado, pensaron que ya podía quedar así, pero le recordamos que aún nos faltaban los árboles frutales con sus flores volando por el cielo. Ahí surgieron muchos apuntes, habían quien sugería pintar los árboles y poner las flores de papel o pintadas con un pincel fino. Respondimos que eso no lograría el efecto "volador" que querían. Durante el recreo añadí unas ramas de retama que pegué al tapiz con silicona, y a la vuelta creamos tres tonos diferentes que iban del blanco roto al rosa, como las flores de los cerezos, de los ciruelos o de los melocotoneros. Sobre ellas chorreamos la pintura (dripping) con brochas grandes.
Ahora quedamos absolutamente satisfechos, tanto por el resultado como por el proceso seguido, en este caso más guiado que en otras ocasiones, pero siempre sugiriendo e incorporando sus aportaciones.
Está claro que no es nuestro objetivo enseñar movimientos pictóricos (ni pervertir la idea de la que surgieron) ni la copia de obras emblemáticas, pero en este caso, consistió en echar mano de la experiencia para solucionar "nuestro problema". Y sobre todo, fue una actividad creadora, divertida, diferente y enriquecedora.
Nuestro tapiz permanecerá colgado hasta la inminente llegada del verano y de que los cambios en el paisaje nos pidan otra interpretación. Ya se verá.
Tapís da primavera
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