-
UniDiversidad. El blog de José R. Alonso. |
Posted: 14 Aug 2015 05:21 AM PDT
Mi planteamiento es que el concepto «crisis» es equívoco, que los retos y cambios son intrínsecos a la vida y no tienen por qué ser negativos y que la mejor prueba del mito construido en torno a situaciones que han existido siempre es que se hace trampa con la definición del proceso y se hace trampa con la edad en que sucede. Al parecer, el número de crisis vitales se ha multiplicado. Una crisis es un período en la vida de una persona, que dura al menos un año y que se caracteriza por un nivel anómalo de inestabilidad emocional, por una evaluación muy negativa de la propia situación y, particularmente, por la adopción de grandes cambios. Una encuesta del National Institute on Aging indicaba que el 26% de los adultos entre 25 y 75 años había tenido una de estas crisis de la edad madura y el porcentaje era algo mayor, el 35%, entre los mayores de 50 años.
A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! ¡Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espera que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi temor; temor tan triste, que la muerte no lo es tanto!
Las crisis de la media edad suelen tener un elemento desencadenante como que el hijo más pequeño termine la universidad, un cumpleaños terminado en cero que anuncia que estás empezando una nueva década o la muerte de los padres. Pero es posible que estemos haciendo trampa y no es que la crisis de los 50 nos lleve al divorcio sino que el divorcio o la pérdida del trabajo, dos circunstancias que se pueden producir a cualquier edad en los adultos, nos hagan pensar «¡ah!, es que me ha pillado la crisis». También es cierto que vivimos en una era de glorificación de la juventud, con más de treinta años estás acabado aunque no seas un futbolista y si eres mujer, me temo que aún más. Bajo ese paraguas de la juventud divino tesoro cumplir años es una tortura palada a palada y cambiar de década, un clavo más en la tapa del ataúd. En realidad, nadie puede negar que la edad va produciendo, lentamente, cierto deterioro físico, pero la neurociencia muestra que el cerebro maduro es más flexible y adaptable que lo que se pensaba no hace mucho tiempo. Con los años, los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro muestran mayores niveles de integración, lo que es una puerta abierta a una mayor creatividad. La edad también atempera los sentimientos negativos, las emociones descontroladas y mejora el juego social, sabemos gestionar mejor las situaciones en las que interactuamos con personas de distintos tipos y distintas edades. Y entonces, ¿por qué esa manía con la crisis de los 40 y los 50? Por una mezcla de aspectos personales, incluso biológicos, y sociales. Entre los biológicos está el final obligado o voluntario de la etapa reproductora, las primeras señales del paso del tiempo (canas, arrugas) o la sensación de pérdida física (menor agilidad, menor fuerza, menor rapidez). Podrían verse como etapas normales, igual que cuando a los 12 nos salieron las tetas o el bigote o a los 18 dejamos de crecer, pero se viven como tragedias. Entre los sociales, están las dificultades laborales que he mencionado antes y los modelos populares (las señoritas que alcanzan la fama por sus actividades horizontales y no pueden tener más de veintipocos o los futbolistas que se jubilan a los treinta y pocos). Entre los personales está esa sencilla cuenta de que nos queda menos para terminar el trayecto de lo que ya llevamos recorrido, que en esa montaña de la vida, hemos llegado a la cima y ya vamos de descenso. Algunos psicólogos famosos no han ayudado precisamente. Sigmund Freud escribió en 1907 que «en torno a los 50 años de edad, la elasticidad de los procesos mentales de la que el tratamiento depende está, como regla, ausente. A las personas mayores ya no se las puede educar». Freud, que escribió esto a los 51 años, no podía saber que haría algunos de sus mejores trabajos superados los 65 años. Jean Piaget, uno de los más famosos psicólogos del desarrollo consideraba que el desarrollo cognitivo se detenía en los adultos jóvenes, con la adquisición del pensamiento abstracto. Me resulta más sugerente lo que propone Gene Cohen que habla de cuatro fases entre las personas que superaron los cuarenta. Lo primero sería una fase de reevaluación (entre los 40 y 65) donde nos ponemos nuevos objetivos y nuevas prioridades. Otra diferencia entre la realidad y la imagen popular puede ser en cuanto al desenlace de las crisis. La imagen típica es un hombre maduro, con canas y sobrepeso, que empieza a hacer el idiota de distintas maneras: se compra un descapotable, empieza a salir con mujeres mucho más jóvenes y deja el trabajo por algo ilusorio como un proyecto de juventud. Mi ejemplo favorito es Lester Burnham, el personaje protagonizado por Kevin Spacey en American Beauty: deja su trabajo para vender hamburguesas, chantajea a su jefe, se compra el coche de sus sueños, se esfuerza en hacer ejercicio para ponerse en forma y tiene fantasías sexuales con la amiga de su hija. En resumen, el desastre. En realidad, la mitad de la gente dice que su vida mejoró a consecuencia de los cambios que hicieron en sus 40 o 50, son menos los que dicen que los aspectos positivos y negativos se compensan y es un pequeño porcentaje el que dice que jamás se recuperó. Las investigaciones recientes muestran que la satisfacción con la vida propia se incrementa de forma estadísticamente significativa de los 40 a los 50 y de nuevo de los 50 a los 60. Los hijos han volado del nido, alcanzas tu mejor salario y posición y tienes experiencia y juicio para saber lo que quieres e ir a por ello. La madurez cada vez se ve más como una parte normal de la vida, una nueva etapa que cierra una fase previa y abre nuevos horizontes. En estos momentos de transición puede ser normal e incluso conveniente evaluar las prioridades y objetivos. Las mujeres, tras la etapa maternal, pueden desear volver a estudiar, aunque hayan tenido actividad laboral, razonando de una manera sensata que tienen capacidad y voluntad de retomar cosas que tuvieron que aparcar por responsabilidades familiares. Para leer más:
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario