sábado, 7 de noviembre de 2015

Caracol Miricol





Caracol Miricol


Posted: 06 Nov 2015 01:46 AM PST
Debajo del agua existe un país en el que brilla el Sol como en la Tierra. Las praderas son verdes y los árboles florecen. Allí también hay ciudades y palacios. En ese lugar todo es más grandioso y resplandeciente que en nuestro mundo. 


Es el país de los elfos, y allí todos son felices, porque no existe el tiempo. Si un niño se coloca en el momento adecuado en la orilla del mar y mira al fondo, entonces puede ver ese mundo maravilloso.

Con un poco de suerte puede incluso observar a los elfos cuando algunos días, a la salida del Sol, bailan en la superficie del agua, mientras cantan las canciones más dulces y relucen con todos los colores del arcoiris. Felices y despreocupados, pasean por el mar, hasta que, finalmente, desaparecen de nuevo con la bruma de la mañana.
Posted: 05 Nov 2015 04:59 PM PST
La obsesión de algunos padres por tener un hijo "perfecto" terminan por hacer que sea todo lo contrario. Esa es la tesis de la psicopedadagoga angentina Mónica Coronado en su libro "Padres en fuga, escuelas huérfanas". En el libro repasa, CON IRONÍA, las diversas maneras en que los adultos convierten a un niño que podría ser "sano y feliz" en un chico terrible, incapaz de convivir en un entorno reglado.

Aquí, contamos las formas para "malcriar" a nuestro hijo:

1. El niño REY, tirano, dictador:
Cuando nazca dejemos de lado todo: pareja, salud, otros familiares, hobbies o actividades deportivas. Dediquémonos al niño en forma exclusiva y excluyente. Nuestra pareja puede esperar, lo mismo nuestra salud, nuestra vida personal... ¿Qué es eso? Eso que hacíamos y nos hacía felices, como hacer ejercicio, leer, tener un hobby, charlar con amigos, etc.
Nuestro objetivo de vida debe ser estar pendiente del niño. Hagamos de nuestra maternidad/paternidad una cruzada. Nuestro hijo debe ser el centro de nuestro universo. Hagamos que él lo vea así.

2. Lo que quieras con tal que dejes de chillar:
Los niños, todos, tienen pataletas. Si queremos echarlo a perder no dejemos que el berrinche llegue, apenas frunza el ceño tratemos de concederle todo lo que desea, aunque sea inadecuado. Apenas ensaye unos pucheros porque no le compramos ese juguete, corramos a conseguirlo, no vaya a ser que el niño sufra por no tener lo que el 0,02% de los niños tienen. Sobre todo que no lo pase mal por no tener algo que le neguemos.

3. No...pero:
Si consideramos que lo que nuestro hijo quiere es descabellado (como, por ejemplo,
jugar con la jarra de cristal de nuestra tía Frascuela), intentemos parecer unos buenos padres y digámosle un NO adornado de excusas, explicaciones e intentos de razonamiento.
Indudablemente el niño tendrá una rabieta de proporciones descomunales, con cortes de respiración y sofocos fríamente calculados como para causarnos la suficiente ansiedad, inquietud o culpa como
para que, finalmente cedamos real o vicariamente a sus deseos.

4. No queremos traumatizar a nuestro pequeño:
Los límites verbales, penitencias, retos o cualquier medida de sanción no le van a funcionar cuando queramos echarlo a perder, todo lo contrario. Insistamos en que el niño debe desarrollarse según su "naturaleza", sin que le pongamos restricciones de ningún tipo. Si quiere dormirse a las 12 y media de la noche, dibujar las paredes recién pintadas, comer en el suelo, hacer pipi en una maceta, acariciar abofeteando a padre y abuelos, atropellar a otros niños para obtener un juguete, tenemos que dejarlo que actúe a sus anchas, o ¿no son así todos los niños? No permitamos que ninguna frustración, por
pequeña que sea, nuble su esplendorosa infancia.

5. El niño florero:
En cualquier reunión social, nuestro niño debe ocupar un lugar preeminente. Las conversaciones, por más elevadas que sean, deben interrumpirse para escuchar primero sus balbuceos, luego sus gritos, canciones o lo que el niño haga, incluyendo, por supuesto, sonidos indecorosos.

6. Pero... ¡Si es superdotado!:
Ya seguramente  nos habremos dado cuenta de que nuestro niño es especial; todas sus acciones manifiestan una inteligencia muy por encima de lo normal, a su lado cualquier niño de la misma edad parece una lechuga mustia. Debe haber algo de cierto en eso de "de tal palo tal astilla", el niño seguramente es una copia mejorada de nosotros. Por eso, aun cuando el resto de la gente lo considere perfectamente común, sabemos que es extraordinario y que no tenemos que dejar de lado cualquier oportunidad de mostrarlo al mundo y hacerlo notar.


7. ¡Qué va a saber su profe!:
Si queremos continuar nuestra tarea de echar a perder a nuestro hijo, cuando comience el colegio no perdamos la oportunidad de hablar mal de su profe, de contradecirle en sus pautas o de discutir con él frente al niño. Si queremos echar a perder a nuestro niño debemos descalificar la acción educativa de cualquier agente externo a nuestra propia persona y, sobre todo, interferir en cualquier puesta de límites. Siguiendo las siguientes pautas: ignorar, contradecir o discutir con el profesor de nuestro pequeño.

8. Y todo a medio hacer...
Para echarlo a perder debemos permitir que deje todo a medio camino. Si se sienta a comer puede levantarse cuantas veces quiera, no le exijamos ordenar los juguetes después de jugar, ni guardar sus cosas del cole dentro de la mochila, ni promovamos la formación de ningún hábito que coarte la libre expresión de su personalidad. Que se lave los dientes o tire la cadena si quiere, pues no nos vamos a fijar en esas nimiedades.
En lugar de alentarlo a cumplir metas, mejor no promover ningún hábito en nuestro hijo.

9. El cliente, perdón... el niño, tiene siempre la razón:
Ya nos debemos haber dado cuenta de que la gente no advierte lo especial, inteligente y destacado que es nuestro niño. Si lo queremos echar a perder y la gente que lo rodea no colabora en nuestra tarea, podemos pensar que todos se pelean con él o lo rechazan porque es superior en belleza, inteligencia, talento y demás a los otros niños. Debemos apañarlo, cubrirlo o justificarlo en cualquier acción, por deleznable que sea, también excusarlo permanentemente o defenderlo a muerte. Siempre
le echan la culpa a nuestro hijo, pero ¡si no ha hecho nada!

Empiezan entronizados, idolatrados, adorados, como pequeños tiranos, dorados reyes o emperadores, pronto se convierten en temibles dictadores, y muchos de ellos llegan a ser esos adolescentes sin rumbo. El exceso de atención, la sobreprotección, obstaculiza los procesos de desarrollo y el logro progresivo de autonomía, que es un proceso que tiene muchas pequeñas frustraciones (cosas que no puede hacer, que no puede tener), que además de ser parte de la vida, le permiten aprender a soportarlas (tolerarlas), avanzando en su madurez y preparándose para la vida.

Los niños necesitan para vivir: alimento, cuidados, amor, respeto, abrigo, oportunidades para
aprender, límites, compañía, diversión, etc. Muchas de esas cosas no tienen precio.

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