UniDiversidad. El blog de José R. Alonso. |
Posted: 11 Jan 2016 04:26 AM PST
El punto de partida estaba claro, era la información del mundo externo que llegaba a través de los órganos de los sentidos y se representaba de una forma ordenada en la corteza sensorial primaria. Un avance clave fue el registro electrofisiológico de neuronas individuales. Hasta entonces se colocaba en la zona de interés un electrodo bastante grueso (básicamente un alambre afilado y barnizado menos en la punta) pero recogía información de cientos de neuronas simultáneamente. El nuevo invento fue una micropipeta de cristal, construida alargando súbitamente un capilar de vidrio calentado y roto bajo el microscopio hasta tener una punta finísima del diámetro deseado. Los homúnculos de Penfield habían dejado claro que el cuerpo estaba representado en la corteza cerebral pero había muchos interrogantes que pudieron ser abordados con la nueva tecnología. El tacto recogía las sensaciones de la piel y generaba en la corteza somatosensorial, una localización topográfica de las sensaciones. Vernon Mountcastle, un neurólogo de Johns Hopkins al que llamaban el Jacques Cousteau de la corteza cerebral, estaba interesado en la relación entre percepción y respuesta neuronal y afrontó el tema con el registro intracelular. Vio que cada neurona de la corteza somatosensorial respondía exclusivamente a una de las dos modalidades; es decir, hay neuronas para sensaciones profundas y otras dedicadas a las superficiales. El segundo descubrimiento importante, después de registrar miles de células, era que las neuronas de una modalidad estaban separadas de las de la otra y cada grupo formaba un submapa coherente de toda la piel. El tercer descubrimiento importante cambió nuestra forma de mirar al cerebro: las neuronas que respondían a un estímulo estaban situadas una debajo de otra formando microcolumnas verticales en esa delgada capa de dos a cuatro milímetros de espesor, la corteza cerebral. Todas las partes de la corteza operaban siguiendo un principio común y la microcolumna cortical era la unidad de computación, un grupo de neuronas que trabajaban juntas en la misma tarea. Los experimentos de Mountcastle, aunque fueron recibidos inicialmente con mucho escepticismo, abrieron un campo nuevo. El cerebro funcionaba a la vez en serie y en paralelo, recogía toda la información de los sentidos, la separaba en módulos distintos, procesaba la información de cada uno de forma independiente y luego lo volvía a juntar en un esquema integrado. Aunque Mountcastle se centró en el tacto, el sentido clave para entender el procesamiento de la información en el cerebro fue la vista. Se sabía que la retina proyectaba sobre la corteza visual de forma ordenada, punto a punto. Stephen Kuffler, un neurofisiólogo del Instituto Oftalmológico Wilmer, empezó también a hacer registros de neuronas individuales. Un sueco llamado Torsten Wiesel fue allí a hacer su postdoc, mientras que un canadiense, David Hubel, iba a ir a trabajar con Mountcastle pero este estaba remodelando el laboratorio y Stephen Kuffler los puso juntos con la idea de que sería una colaboración de nueve meses, hasta que los nuevos laboratorios de Mountcastle estuvieran terminados. En realidad, la colaboración se alargó durante veinticinco años y formaron «pareja científica» como Watson y Crick o Hodgkin y Huxley (no, Ramón y Cajal no entra en ese grupo). David Hubel nació en Windsor, Canadá. De los seis años a los dieciocho estudió en la Strathcona Academy en Outremont, Quebec. Años después diría «debo mucho a los magníficos maestros que tuve allí, en especial a Julia Bradshaw, una profesora de historia, vivaz y dedicada, con un memorable temperamento irlandés que despertó en mí la posibilidad de aprender cómo se escribe un inglés legible». Los primeros experimentos de Hubel y Wiesel mostraron algo sorprendente. La corteza visual no respondía a puntos de luz como la retina sino a figuras geométricas más complejas como líneas, cuadrados o rectángulos. Al principio no conseguían que ninguna de las neuronas del gato que estaban registrando respondiera. Movían los brazos, saltaban alrededor del gato e incluso probaron a poner delante del felino algunas revistas con chicas. ¡Nada! , ni siquiera la visión de aquellas damas consiguió que la neurona empalada mostrara actividad. Finalmente lo consiguieron y lo cuentan así:
Localizar una zona de la retina en la cual nuestros puntos de estímulo provocaran algún indicio de respuesta [cortical] nos llevó muchas horas, pero finalmente encontramos un lugar que dio vagos indicios de respuesta. De pronto, mientras insertábamos una de nuestras transparencias en el oftalmoscopio, la célula pareció cobrar vida y empezó a disparar impulsos como una ametralladora. Nos llevó un rato descubrir que los disparos no tenían nada que ver con la pequeña mancha opaca [usada como estímulo] sino que la célula estaba respondiendo al movimiento de la sombra del borde de la transparencia de cristal mientras la insertábamos en la ranura. Nos llevó aún más tiempo y pruebas descubrir que la célula respondía sólo cuando la débil línea era arrastrada hacia delante en un cierto rango de orientaciones. Cada cambio de orientación del estímulo en unos pocos grados hacía las respuestas más débiles, y una orientación perpendicular al ángulo óptimo no producía ninguna respuesta.
Estos experimentos demostraban que el sistema visual construía representaciones complejas de la información a través de la identificación de detalles individuales en niveles sucesivos de complejidad y sus respuestas permitían entender los mecanismos neuronales subyacentes a la percepción. Las áreas de la corteza visual también se repartían el trabajo, algunas estaban ocupadas por neuronas de procesamiento simple, otras por neuronas complejas, otras por hipercomplejas y finalmente otras sumaban y coordinaban toda esa información en una imagen integrada. Las microcolumnas con propiedades similares se encuentran además unidas por sistemas horizontales. De este modo, un grupo de columnas específicas de la orientación pueden representar todas las direcciones del movimiento en una región específica del campo visual conectarse entre sí de forma horizontal y formar las llamadas hipercolumnas. Hubel y Wiesel estudiaron también cómo se integra en una imagen estereoscópica la información de ambos ojos. Cada ojo tiene su nervio óptico, cuyos axones cruzan parcialmente al lado contrario en el quiasma óptico pero es en la corteza visual donde confluye la información. Los dos investigadores usaron técnicas de degeneración de vías, en particular el método de Nauta, que tiñe los axones en neurodegeneración. La tercera gran aventura de sus estudios fueron los estudios de deprivación sensorial. El procedimiento consistía en tapar un ojo durante unos días a un animal recién nacido y el sorprendente resultado era que, ante la falta de estímulos, las neuronas corticales que en condiciones normales responderían selectivamente a esa información, dejaban de funcionar y acababan degenerando. A su vez, las zonas donde proyectaba el ojo sano se expandían para ocupar las zonas corticales que normalmente habrían recibido información del ojo tapado y ahora estaban «vacantes». Pasado unos días, aquello se estabilizaba y ya no se modificaba más. La conclusión es que había un período breve en el cual las conexiones existentes al nacer podían perderse o modificarse en función de los estímulos. Eso llevó a decisiones prácticas como la extracción de las cataratas en bebés durante la primera semana tras el nacimiento para que la visión se desarrollase normalmente. También fue importante para los niños con estrabismo. Todos tenemos un ojo dominante y la desviación del ojo hacía que el cerebro «desconectase» la imagen del ojo subordinado para no ver doble. Lo experimentos de Hubel y Wiesel tuvieron bastante impacto en la filosofía. Tras sus estudios quedó claro que la representación del mundo exterior era un procesado cerebral, y ni siquiera podíamos saber si el mundo exterior es tal como creemos pues todo pasa por ese mecanismo, con lo que se asumen las limitaciones de nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso. Por poner un ejemplo, algunas serpientes «ven» luz infrarroja, que para nosotros es invisible o los perros oyen sonidos que para nosotros no existen. El paisaje visual de la víbora o el sonoro del perro, y no digamos ya el olfatorio, es sin duda distinto del nuestro y no dejan de ser la realidad. También acabó con muchas explicaciones místicas sobre el cerebro. El procesamiento cerebral se podía descomponer en procesos sencillos, la «mente» ese concepto etéreo y ligeramente espiritual, parecía ser simplemente el resultado de la actividad cerebral. Poco después de que les dieran el Nobel, Hubel dijo:
Existía el mito que el cerebro no se podía entender a sí mismo. Se comparaba a un hombre intentado elevarse tirando de los cordones de sus zapatos. Nosotros pensamos que era una tontería. El cerebro puede estudiarse igual que puede estudiarse el riñón.
El premio Nobel fue concedido a Hubel y Wiesel por sus «descubrimientos en relación con el procesamiento de información en el sistema visual» aunque parece evidente que el alcance de su investigación fue mucho mayor. Kandel, otro premio Nobel, dijo que los experimentos de H&W, como algunos les llamaban, junto a los de Mountcastle eran el avance más importante en la comprensión del cerebro desde los trabajos de Ramón y Cajal.Aquí puedes ver un experimento de Hubel y Wiesel y oír a la neurona disparando ante distintos tipos de estímulos visuales en la retina Para leer más:
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